
El desnudo siempre esta presente en nuestras vidas, en la pública y en la privada, y en otras expresiones que tratan de comunicar algo. Precisamente eso pretende un desnudo con el perfil que se le otorga: desde el prisma del arte y la antropología el desnudo se encuentra en la consideración de las deidades madres que representan a la fertilidad con las "Venus" (en sus diferentes versiones) como mejor ejemplo; de ahi que la resultante apreciación comunitaria de un desnudo sea tan diversa y subjetiva: escandalo para unos y belleza y pureza para otros. El desnudo es el estado de no llevar vestido. A veces se refiere al estado de llevar poca ropa, o menos de lo que las convenciones o reglas de una cierta cultura o situación ha establecido, al estado de exposición de piel o partes íntimas.
Ahora, el cuerpo despojado de prendas como medio de comunicación ha sido utilizado como un recurso válido en la vida social, y más significativamente como medio de protesta: ciclistas desnudos, gente desnuda en las puertas de alguna institución pública, pechos al aire y un montón de comentarios sobre los actos de desnudez que desnudan y hacen aflorar nuestras más profundas convicciones éticas, morales, sociales y culturales sobre la corporeidad y sus consecuencias. De hecho, cuando se ven actos inmorales y faltas contra la ética, lo primero que hacen muchos es pensar en la integridad de los niños, simbólicamente le tapan los ojos y refuerzan la idea de la irracionalidad infantil respecto a estos temas por razones que son conocidas: la falta de comunicación y el roche de no hablar sobre sexo, desnudez y temas aproximados a éstos.
Sentarse desnuda sobre el pabellón nacional (con minúscula para que se ofendan más) le cuesta a Leisy Suárez críticas y halagos. En fin, dejo de lado su nombre para ir al hecho en sí y al contexto que rodea a toda esta pataleta "patriótica" que ha despertado el más profundo amor a nuestros símbolos patrios en muchos sectores. De hecho, no se es más peruano si tenemos pegada una escarapela en el pecho o una bandera en el techo de nuestras casas, o menos peruanos si no las tenemos; o en el sentido estricto de la palabra, no somos más peruanos si nos escandalizamos, juzgamos y le tapamos los ojos y oidos a nuestros pequeños irracionales de la casa por ver a una desnuda sentada en el pabellón nacional.
Por otro lado, a Leisy no la elegimos democráticamente para ejercer como bailarina; en cambio, Carlos Torres Caro, Gutavo Espinoza y cientodieciocho (118) personas más fueron elegidas para representarmnos. Su elección pasa por un proceso que tiene un costo tanto económico como político, costo que asumimos via impuestos y via representatividad que hasta hace menos de una semana se ha visto estropeada por las dos personas mencionadas líneas arriba. Es más, ya oficializaron la denuncia en contra de Leisy Suárez; y nos preguntamos por qué tanta exageración y "amor por el Perú" en estos momentos. De hecho, se ha hablado mucho sobre el ultraje a nuestros símbolos patrios y a los cuatro años de condena que a ello conlleva lo anterior, pero en un sentido más práctico ¿Cuántos sintieron el ultraje que Leisy a cometido? ¿Qué levante la mano el que más violado se ha sentido? Presente dice por ahi un ministro y un par de cucufatos amantes de su patria que embanderan todos los meses de julio su humilde vivienda.
En ese sentido, la doble moral y el sentido ético de muchos efervesce al ver desnudos y banderas que se conjugan como un "medio caliente" (en términos de McLuhan) y desvían temas más importantes en la agenda nacional. El patriotismo o amor a la patria ha cambiado, la coerción ya no es el método para internalizar cualquier símbolo patrio, sino más bien lo es la estimulación. De ahi que, es mejor no tirar la basura a la calle y entender que vivimos en una sola comunidad donde todos nos merecemos respeto que andar profesando falsos amores y sacandole la vuelta a la ley en beneficio propio. ¡Amén!