jueves 5 de febrero de 2009

Rito, San Valentín y El Profesor Jirafales

A ver, está de más decir que San Valentin, Día de los enamorados o cualquier otro nombre que reciba resulta un día ciertamente permisivo en el que las conductas jirafalezcas se vuelven convencionales para dar paso a la formación de un rito que nos rodea, acorrala y a veces desespera: el amor. Cuando el día se acerca las trampas para el consumo empiezan a ser colocadas en la vitrina como en cualquier festividad que paralice a la gran mayoría de gente que siente que tiene que "dar", "otorgar" o "entregar" algo material para alcanzar la aceptación y legitimación de su relación con el otro. De hecho, este acto está muy relacionado al viejo rito del regalo: dar-recibir-devolver.

Cuando pienso en un rito me imagino gente reunida en un espacio determinado celebrando de modo descentralizado algúna ceremonia que denota la elevación de una abstracción en su forma material: la representación del "nosotros-mismos-somos", en un día o días específicos, a través de la reproducción cultural de índole religioso, lúdico, social, etc. Digamos que el rito es el acontecimiento no cotidiano que no espera a un invitado y se celebra de modo descentralizado por una gran cantidad de gente, es un momento que paraliza algunas normas y permite conductas en un espacio de tiempo determinado, por ejemplo, los domingos carnavalezcos limeños donde el globo se legitima por la posible víctima al margen del reclamo emitido, vale decir, que a diferencia de antaño estos carnavales han ido tomando forma transgresiva.

La cuestión del rito no toma forma hasta que el día que hay que rendir "honores" a un santo o cualquier otro tipo de ente religioso-metafisico llega, es decir, cuando llega el día de caminar en procesión junto al Señor de los Milagros y vestirse con algo morado; bueno, no sólo ese día, sino todo el mes de octubre. Y ¿cómo nos representamos en los ritos? En la forma como participamos en los mismos, eso no quiere decir que asumimos un mismo tipo de conducta, sino que resignificamos el hecho como parte de nuestras creencias y valores que hacen de la vida cotidiana una breve porción de lo que reproducimos en un día.

En fin, la intención de todo esto es ver desde otro ángulo al día de San Valentin, verlo como un día en el que ciertos comportamientos se masifican y comparten características muy parecidas: centros comerciales llenos, parejas con globos en forma de corazón, ramos de rosas y demás parafernalia romántica que invade la ciudad gracias al consumismo que nos sigue rodeando en tiempos de crisis. Ahora, busquemos una razón para relacionar el día mencionado con el profesor Jirafales ¿dónde entra el espigado personaje? en el simple hecho de llevar un ramo de rosas en la mano ¿Por qué? porque no es una conducta cotidiana, es una conducta que antaño a podido ahorrar las cuotas de roche, garbo y señorío que hoy existe en aquellos hombres-que-ya-no-existen. Asi dicen las señoras.
La representación del ramo de rosas se materializa en un sólo día, en un rito, en la afirmación de un sentimiento que permite el acercamiento hacia el otro; busca romper con lo cotidiano, y lo hace; rompe con la rutina y se vuelve en un acontencimienito o estrategia planificada en una fecha que se permite el ahorro del roche ¿y por qué? porque no veo todos los días, o al menos una vez al mes en los once restantes del año a cualquier señor, joven o señorito con el ya nombrado ramo en las manos. Lo curioso de esto es que siempre termina siendo el hombre el galante de la fecha, porque siempre se le pregunta ¿a dónde invitarás a tu enamorada? ¿qué le regalarás a tu novia?, por lo que asumo que termina siendo la materialización-en-un-día de la galantería posmachista.

Como es el día en el cual muchas personas manifiestan sus sentimientos abiertamente y sin roches porque conocen que esa condición será vivida en el mundo público por otras personas, lo hacen, se convierte en el acto por excelencia de la legitimidad que rompe con los actos ordinarios de la vida cotidiana. Esto busca una respuesta a la pregunta ¿Por qué existen tiendas de flores, rosas y chocolates? Porque es una manera de ahorrarse el roche de subirse a la combi o taxi, bajarse, caminar y tocar el timbre con ramo de rosa en mano. Para eso se paga, para que ellos te lo lleven en sus bonitos carritos, para ahorrarte el roche. Alguna vez regalé una rosa.