No hace mucho salieron a la vista pública prácticas poco convencionales referidas al ejercicio de la Medicina Humana, como por ejemplo el uso de herramientas que no forman (o no formaban) parte del material quirúrgico de un hospital, clínica, posta u otro centro de salud; menos aún al instante de cualquier tipo de intervención traumatológica, odontológica, etc.Las herramientas son extensiones del cuerpo o del sistema nervioso (M. McLuhan) o terminan siendo la virtualización de la técnica y las prácticas(P. Levy); en cualquiera de las dos acepciones resulta "curioso" ver el uso de los taladros y cizallas en las prácticas médicas porque son métodos que a simple vista resultan sépticos y dolorosos para el cuerpo, obvio, aún anestesiado, parece doloroso.
Y es que hace tiempo atrás, cuando me picó el bichito de estudiar Medicina, tuve la grandiosa idea de pedirle un favor enorme a un amigo traumatólogo: "Hugo, ¿puedes llevarme a ver un par de tus operaciones? Amablemente me dijo que sí; en pro del desarrollo empírico del supuesto futuro médico y colega. Tenía 16 y años y salí de mi casa liberado de cualquier tipo de temor a la sangre, venas, arterias y demás partes del cuerpo que se me presentaran al momento; y así paso, lo primero que me dieron para poder entrar a una sala de operaciones es la vestimenta adecuada y un par de instrucciones sobre aseo antes del momento cumbre de mi primera experiencia con las camillas, agujas, anestesia, bisturíes, taladros y cizallas.
Los médicos y enfe
rmeras manejaban un lenguaje común al cual no podía acoplarme porque no formaba, ni forma, parte de mi código lingüístico. Hablaban y hablaban mientras yo sentía un leve mareo producto del alcohol, otras sustancias y el lenguaje medio-extraño de los médicos que por el aire se suspendía e inhalaba. Empezó la operación: tienen que colocarle clavos al brazo fracturado de una señora de aproximadamente sesenta años. Todo bien hasta el momento, cuando de pronto Hugo me dice: "Danilo, pásame el alcohol que está en la mesa por favor"; yo vi cinco botellas de vidrio con líquidos de colores distintos, herramientas, agujas, más bisturíes y otras cosas más. Al final, nunca encontré el alcohol, sino gracias al auxilio de una enfermera (suena bien la palabra "auxilio" en una sala de operaciones) que sólo estiró la mano y lo cogió para pasárselo al médico y continuar con el acto.
rmeras manejaban un lenguaje común al cual no podía acoplarme porque no formaba, ni forma, parte de mi código lingüístico. Hablaban y hablaban mientras yo sentía un leve mareo producto del alcohol, otras sustancias y el lenguaje medio-extraño de los médicos que por el aire se suspendía e inhalaba. Empezó la operación: tienen que colocarle clavos al brazo fracturado de una señora de aproximadamente sesenta años. Todo bien hasta el momento, cuando de pronto Hugo me dice: "Danilo, pásame el alcohol que está en la mesa por favor"; yo vi cinco botellas de vidrio con líquidos de colores distintos, herramientas, agujas, más bisturíes y otras cosas más. Al final, nunca encontré el alcohol, sino gracias al auxilio de una enfermera (suena bien la palabra "auxilio" en una sala de operaciones) que sólo estiró la mano y lo cogió para pasárselo al médico y continuar con el acto. Los médicos convivían bien con sus herramientas y al parecer se han adaptado bien a falta de otras; y, en la mayoría de casos han reemplazado uno que otro por ahi por los taladros y cizallas. La sala de operaciones mantenía una calma habitual, con un par de bromas sueltas al aire, viendo radiografías y demás; cuando de pronto lo inesperado se hizo presente: un enchufe atravesó parte de la sala y se incrusto en el tomacorriente para brindarle energía al no muy popular (en ese entonces) taladro. Era eso, un taladro que ayudaba a los médicos a incrustar los clavos respectivos que ayudarán a la cura de la señora. Mientras tanto, yo seguía sorprendido porque desconocía el uso del taladro en las prácticas médicas; y no era sólo eso, después de haber usado el taladro dijeron: "cizalla por favor". Era algo así como una especie de alicate de corte enorme, con bastante presión para desaparecer los centímetros extras de los clavos... mientras yo, seguía convenciéndome que estos instrumentos son de utilidad para los médicos.
Todo esto ocurrió hace 8 años atrás, cuando los hospitales públicos no anunciaban en voz alta su desgracia y falta de implementación, cuando los médicos podían dormir en la noche antes de ser ampayados entre sábanas. En fin, los doctores taladros hace tiempo existen, sólo que recién salen de la clandestinidad y nos muestran la adaptación y el uso de otras herramientas con la destreza que profesión amerita.












0 raja nomas!:
Publicar un comentario en la entrada