domingo 18 de mayo de 2008

Carta a quién conocí por palabras

Imagen: Film "Good bye Lenin"
Quiero tomarme el permiso de escribirte esta carta, donde quiera que estés. No llegué a conocerte, pero permíteme dedicarte un par de líneas y expresarte mi admiración por haber hecho lo que has hecho: ¡luchar!
En poco tiempo me enteré de tu vida y tus logros, de tus penas y tus alegrias, de lo que has dejado como legado y del gran recuerdo que tienes en muchos y muchas por los valores que has impartido en una práctica dura para muchos: ¡vivir con ideales!

Las tardes en la universidad a veces pasan volando y más aún cuando se pretende aprender el manual de lo que queremos ser en largas lecturas, a veces aburridas, a veces divertidas.
Cuando supe de tí, aprendí que ese manual no solamente está en lo aburrido de la linealidad, sino también en lo fugaz de los actos, en cruzar las trincheras de los que tratan de limitar nuestras formas, en saber que existen cosas, gente e ideas por las cuáles seguir caminando por la espinoza senda de lo que todos llamamos vida, en tonos y colores diferentes. Vida en azul, en blanco, en rojo, en negro; con un semitono más y un semitono menos, resonantes y parlanchines cantos de niñéz que siguen buscando la armonía del fruto de tu matriz.

Quiero contarte que la semilla que has dejado y has visto crecer sigue en su largo camino por alcanzar el sol, lo está logrando y ve embellecida sus flores en primavera, en verano, en otoño y en invierno. La planta a veces se desilusiona porque dice que los ondulados cabellos dorados del dios Inti no la alcanzan, pero no le hagas caso; a veces exagera porque busca la frescura de la lluvia que encuentra en lo que hace. Se refresca y seca para seguir creciendo, lo hace, lo hace bien; crece y crece como un árbol de manzano que va dejando sus aromas con la brisa del viento cálido que sopla en las montañas azules allá por la Rupa Rupa.

Mujer, ya me tomé el permiso de contarte sobre lo que has dejado y quiero que sepas que es tan fuerte como tu propia raíz; ya me tomé el permiso de decirte que te admiro sin haberte visto un segundo en mi vida, y te lo digo nuevamente: "admiro lo que eres, lo que fuiste y lo que dejaste. Lo hiciste bien."
Quiero decirte que todo estará bien y que en la lucha por alcanzar las luces del Inti y la Quilla, ella vencerá. Ahora sólo quiero darte un "good bye" momentáneo porque sé que en algún lugar y algún día te encontraremos, tan sencilla y tan fuerte como eres, tan noble y tan soñadora como siempre. La planta de manzano se refresca y se seca, nunca lo olvides.

1 raja nomas!:

Natalia Consiglieri dijo...

Bonito...¿por qué recién aprendemos a decirle a las personas lo que sentimos o pensamos de ellas una vez que ya no estan?
Es una horrible frustración, para ambos lados... qué rico hubiera sido sacarle una sonrisa de autoorgullo a esa persona tan fuerte pero que quizá no sabía reconocer su fuerza. En fin