“El lenguaje no es inocente”, afirmaba un profesor de Teoría Sociológica en San Marcos cuando aún cursaba con él. Razones no le faltaban porque nadie se comunica en vano con los demás, mucho menos si existe algo interesante (¿$?) en medio de esa interacción. De esta forma es como se comunica nuestro estimado referente cultural-popular llamado “Tongo”, pues es él quien está siendo su propio producto cultural a partir de su “Pituca” en “inglich” y sus visitas a “Eicha” (entiéndase Asia).
A continuación quisiera hacer una breve descripción sociológica de la cumbia y la cultura de masas para poder entender el contexto en la que nuestra choledad interactúa cotidianamente.
1. La virtualización de la masa (y no me refiero específicamente al mencionado líneas arriba)
Pierre Levy entiende a la virtualización como un proceso opositor a la actualización, por lo tanto, es un espacio de creación y renovación del ser mismo desde el centro ontológico del problema, en ese sentido, el lenguaje se reinventa desde la oralidad y la escritura redefiniendo la técnica y al propio actor social que interviene en ese proceso, de ahí que el lenguaje se virtualiza. La virtualización también es el proceso de multiplicación de la masa, es decir, de la omnipresencia momentánea y simultánea de algo, alguien o de muchos a través de los medios de comunicación, lo cual hace presente el fenómeno que está aconteciendo.
De aquí se deduce que la presencia y actualidad de la cumbia, chicha y sus variantes tengan cierta sostenibilidad y que al mismo tiempo se redefina y resignifique todo el simbolismo de este género musical. Esta virtualización, actualización y masificación hicieron tanto de la música, la ropa y la comida productos culturales cuyo mercado se expande gracias a sus representantes, al empuje de las tecnologías de la información y a los propios consumidores. Gran humanidad la de “Tongo” por aguantar a su pituca que lo exprime y le pide pollo, pero él exprime mejor su virtualización mediática y vigencia.
2. A la tela
“Chapulin, el dulce”, “Chacalón” y los chicheros de antaño no han perdido vigencia (hasta miniserie tienen) porque aún suenan en esta tercera etapa de música popular. La primera etapa de la chicha ha representado una forma de vestir y de presentarse muy peculiar porque se exaltaban los colores encendidos y sus combinaciones posteriores llegando ha formar una identidad de este género como “huachafo”, de ahí que era música por y para cholos.
La segunda etapa representa más bien un fenómeno juvenil, donde el término chicha no desaparece, sino más bien se esconde bajo el relieve de la tecnocumbia que ya tiene otro discurso social, dejando de lado al “muchacho provinciano” y a la nostalgia migratoria por la “colegiala”. Esta segunda etapa es la de los salserines cholos, los que generaron mucha expectativa entre las féminas de aquel entonces, pero ahí quedó, como otro producto que no pasó de los dos años de éxitos.
Ahora, la tercera etapa tiene una deuda importante con los Néctar, pues se debe a ellos la nueva explosión de la cumbia y la chicha actual. Los cumbiamberos ya no visten atuendos floreados y coloridos, ahora cantan en saco y corbata sin importar las inclemencias del calor, sudan con ganas y se ven bien; ya no sólo se pasan agua por la cabeza, sino también usan gel o fijadores para acomodarse el cabello. De ahí que el metrosexualismo haya calado hondo en nuestros exponentes de la cumbia que no gustan de despeinarse ni de quitarse el saco. Ahora, cantan a la tela.
3. La deuda con Néctar
Post-Néctar nacieron nuevos grupos y otros se reafirmaron como los grandes referentes de la cumbia actual, pero considero que existe una gran deuda con Néctar por los hechos acontecido hace casi un año. De seguro, sin el accidente la cumbia no hubiera regresado a los medios con la fuerza que tiene ahora: homenajes, conciertos a beneficio y la canonización popular al líder del grupo han hecho de la cumbia lo que es hoy y se ha configurado también gracias a otros fenómenos como son la reaparición de programas “tropicales” y la revalorización de la música per se en varios grupos sociales que si bien no se mantenían recios a este género, sí tenían temor al ridículo y a no desviarse momentáneamente de su status quo.
Nuestra choledad se ha visto modificada, masificada y un tanto democratizada por la redefinición de nosotros mismos y del espacio en el que vivimos como ciudadanos, por los valores y significados que compartimos y por ser parte de una sociedad tan diversa y compleja que hace de las relaciones sociales un entramado de dificultades que en varias ocasiones no permite ubicarnos como parte del grupo.
Creo que un elemento fundamental para aprender a reconocer lo que somos es la propia identificación con el otro y con la cultura que lo rodea y nos rodea, sin pretender exaltar una identidad impositiva o única, sino conocer e identificar las distintas microculturas existentes, lo que a futuro debería representar un medio para una mejor práctica de tolerancia que nos permita interactuar más democráticamente ante nuestro espacio social. Bien pues, habrá que ver hasta dónde llegamos y llegan estos fenómenos como catalizadores de una horizontalización de la propia cultura.
3 raja nomas!:
Dando un paseo. Y visitando a la familia.
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